Tratamiento Fisioterapeutico

Fase inicial o aguda
1.   Reposo sin apoyar el miembro, 48-72 horas
2.   Hielo aplicado localmente, para reducir el edema. Por ejemplo bolsa de guisantes congelados durante 10-20 minutos. Protegiendo la piel con una toalla.
3.   Elevación del miembro afectado.
4.   Comprensión con algún tipo de vendaje o férula, evitando comprimir el riesgo sanguíneo y con especial cuidado en diabéticos.
5.   Ocasionalmente se añadirán analgésicos o antiinflamatorios para disminuir el dolor.
Cuando llevemos  inmovilización, ya sea yeso o vendaje compresivo, es recomendable realizar una serie de contracciones musculares isométricas (intentando reproducir los diferentes movimientos del pie, no habrá movimiento, pero sí contracción muscular) para evitar un debilitamiento excesivo de nuestra musculatura. 


Fase subaguda
Una vez nos han diagnosticado el esguince y hemos pasado por un proceso de inmovilización más o menos largo (según indicación médica) apareceremos en la sala de rehabilitación.
En este momento nos encontraremos con un pie inflamado, seguramente con un hematoma más o menos grande según el grado de la lesión, con dolor y con rigidez (ya sea por el dolor o secundario a la inmovilización). Ante este pie nuestros objetivos serán:
1-  Reducir la inflamación.
Para ello adoptaremos  posiciones de declive (tumbado hacia arriba con la pierna elevada unos 45º)  para favorecer el retorno venoso.

En esta posición ya podríamos empezar a realizar ejercicios de movilidad reproduciendo la flexión plantar y dorsal, circunducciones, inversión, eversión. Es una forma de iniciar la movilización de la articulación en descarga y de forma activa.
La aplicación de hielo será en esta fase en las primeras 48 – 72 horas, a partir de entonces: baños de contraste (empezando y acabando siempre por agua fría). La pauta sería: 1 min. FRIA – 3 min. CALIENTE – 1 min. FRIA: un total de 20 min.

2-  Hacer desaparecer el hematoma
Para trabajar el hematoma utilizaremos un aparato de electroterapia llamado ultrasonidos, es un aparato de baja frecuencia que en su modalidad continua produce calor a nivel celular hecho que favorece la permeabilidad  y el metabolismo celular y de esta forma nos ayuda a reabsorber el hematoma.
3-   Restaurar la movilidad de pie y tobillo
Además de las movilizaciones activas de las que hemos hablado en el apartado de “Reducir la inflamación”, realizaremos movilizaciones pasivas de todas las articulaciones de pie y tobillo, incidiendo en los movimientos de eversión y flexión dorsal.
También podremos hacer movilizaciones activas con carga parcial:

·         Ejercicio 1: Sentados con flexión de rodilla de 90º, utilizaremos un plato de Freeman. El ejercicio consiste en reproducir los movimientos de flexión plantar y dorsal así como las rotaciones. En este ejercicio ya se inicia un trabajo propioceptivo debido a la inestabilidad del plato.
·         Ejercicio 2: Sentados. Apoyamos nuestro pie sobre un patinete. El ejercicio consiste en desplazar el patinete hacia delante (flexión plantar) y detrás (flexión dorsal).
·         Ejercicio 3: Sentados. Con una pelota de masaje pequeña. Realizaremos presión intentando chafar la pelota y la desplazaremos por la planta del pie intentando reproducir el esquema de apoyo del pie durante la marcha: empezamos por la zona externa del talón, seguimos hacia el dedo pequeño por la zona externa del pie, luego cruzamos hacia el primer dedo.
·         Ejercicio 4: Sentados. Con una toalla en el suelo. Intentaremos arrugar la toalla moviendo los dedos del pie. Estaremos trabajando la musculatura concéntrica del pie, estimulando la movilidad del pie y la circulación de retorno.
·         Ejercicio 5: Sentados. Flexión de rodilla 90º. Con una pelota de espuma de tamaño medio. El ejercicio consiste en intentar chafar la pelota con el pie. Este ejercicio nos sirve para empezar a trabajar la musculatura del tobillo, así como la propiocepción y facilitamos el retorno venoso mediante la contracción muscular.
·         Ejercicio 6: Semitumbados en una camilla o en el suelo con las piernas estiradas, colocamos una pelota de espuma entre los 2 pies y la apretamos, manteniendo la contracción 6s. Tonificamos la musculatura del tobillo

Fase avanzada
En esta última fase tendremos como objetivos incrementar el refuerzo muscular, intensificar la propiocepción, realizar ejercicios funcionales y reintroducción al gesto deportivo. Para ello:
1.   Bicicleta estática: para reforzar la musculatura de toda la extremidad inferior.
2.   Reeducación de la marcha: deambulación sobre talones, de puntillas, hacia delante, hacia detrás, de lado, cruzando piernas. Este mismo ejercicio para intensificarlo se puede hacer con obstáculos o bien con superficies inestables (como unos cojines).
3.   Desequilibrios en planos inestables: en apoyo bipodal o unipodal sobre el pie de la lesión, incrementamos la inestabilidad dándole estímulos varios como coger una pelota, cerrar los ojos, etc.
4.   Iniciar trote, carrera (iniciar en línea recta, luego vueltas, en zigzag, cambios de dirección, acelerar-frenar…) Salto con pies juntos, salto a la pata coja, circuito de destreza, saltar a la cuerda, desplazamientos laterales, etc.

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Protocolo para rehabilitación, reincorporación y calificación de pérdida de la capacidad laboral u ocupacional.

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